“¿Qué arte sabe representar mejor que la música, con
significados más profundos, más ricos de misterio y más eficaces, esa loca
libertad por obra de la cual en el alma humana se unen amigablemente alegría y
dolor, naturaleza y artificio, inocencia y violencia, broma y terror, y que a
menudo se dan la mano?, ¿qué arte sabe expresar mejor esas incógnitas del alma?”
Está claro que
la finalidad última del arte para el filósofo alemán responde únicamente a criterios
emocionales o espirituales, pero, ¿hasta qué punto se corresponde esta visión
con la realidad? Ciertamente se podría decir que la naturaleza del arte tiende
a la expresión, pero ello no implica únicamente que ésta deba ser de tipo
emocional. Bajo mi punto de vista existe otra clase de recepción artística, la
intelectual, que se define por patrones científicos y comunicativos. Así,
mientras la primera se manifiesta en forma de sentimiento, la segunda lo hace a
través de la comunicación o de la comprensión racional. De cualquier forma,
ambos arquetipos participan en los procedimientos de la valoración artística. Un
espectador absorto en la contemplación de la El nacimiento de Venus, por ejemplo, podría maravillarse al
comprobar cómo la obra renacentista posee una composición dominada por la
proporción áurea. Se trataría en este caso de en juicio irrebatiblemente científico,
pero quizás la pintura no sea valorada de esta misma forma a ojos de una
persona a la que es indiferente cualquier patrón matemático en favor de la pura
sensación que experimenta ante tal contemplación.
Lo mismo sucede con la poesía. Podrían
valorarse de manera racional las perfecciones de la estructura métrica presente
en un determinado poema, pero ello no implica la anulación de los efectos
emocionales que pueda producir la asimilación personal y subjetiva de éste.
En el caso de la música, dada su
aparente condición de arte abstracto y etéreo, irreductible a cualquier
representación material, podría ser tentador – sobre todo para un espíritu romántico
como Wackenroder— considerarla ligada exclusivamente a fuerzas e instintos
emocionales. Pero, ¿acaso no puede ser medible su configuración interna? ¿no
pueden ser representados matemáticamente los parámetros agógicos, tímbricos, estructurales o de frecuencia?
1)
Existen dos tipos de observación artística en función
del camino elegido en la búsqueda del placer o de lo agradable: intelectual y
emocional.
2)
Cada una de
estas categorías contemplativas está ligada a un tipo de interés. Mientras la
necesidad innata de contemplación a través de lo intelectual o emocional se
corresponde con un interés inconsciente, la observación premeditada en función
de los diferentes planos de recepción artística (activa o pasiva) obedece a criterios
e intereses conscientes.
Cada ser humano es, por tanto,
libre de considerar una vía u otra en la manera de apreciar el arte pero ello
siempre condicionará indudablemente el juicio que se haga de éste.
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