domingo, 16 de septiembre de 2012

De lo bello en la música (1854) – Eduard Hanslick


“Lo bello no tiene absolutamente ninguna finalidad, porque es pura forma, la cual, aunque puede emparentarse con las finalidades más diversas según el contenido con el que se llena, no tiene sin embargo otra que a sí misma”

 

Bajo esta premisa, el crítico austríaco se posicionaba en su ensayo bajo el estandarte de la estética formalista, oponiéndose de manera tajante al idealismo romántico que concebía la música como medio de representación del sentimiento.

Parece obvia—y de hecho lo es— la incapacidad de la música (entendiéndola como fenómeno acústico) para albergar sentimientos en sí misma.  No obstante, la afirmación en la que el crítico austríaco asegura que “lo bello musical reside en la forma y no en los sentimientos que pueda despertar en el compositor o en el oyente” podría ser rebatible. En primer lugar habría que plantearse qué es realmente “lo bello”. Claro está que se trata éste de un aspecto puramente subjetivo; está más cerca de cuestiones culturales e históricas que de cualquier tipo de definición universal.  Por tanto, la premisa a través de la que Hanslick mantiene que lo bello musical es “una forma en movimiento” cae por su propio peso. Sería aceptable, quizás,  decir que la música es una forma en movimiento, pero de ningún modo sería justo considerar esto como “lo bello” en términos absolutos. Igualmente—  y en línea con los escritos del filósofo— resultaría inútil hablar sobre los sentimientos que produce la contemplación del arte. No hay que olvidar que el lenguaje es limitado y resulta un verdadero obstáculo a la hora de ahondar en las profundidades emocionales  del ser humano.

 

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