Las
reflexiones estéticas que el filósofo alemán plasma en este trabajo se tornan, hasta
cierto punto, desconcertantes… salvo si se coincide con él. En esta nueva era que
acontece, ligada irrefrenablemente al avance científico que experimentan
disciplinas como la neurociencia, este
pensamiento se queda obsoleto.
Hoy día se puede llegar a explicar, cada vez con mejores resultados, cómo
es el proceso interno de creación en el ser humano. Hegel concibe el espíritu como
“lo auténtico”, situándolo en el origen del arte. Sus ideas van encaminadas a
desentrañar la premisa de que cualquier creación humana, por mediocre que pueda
llegar a ser, está “por encima” de la naturaleza. No obstante, cabe mencionar
que ciertas expresiones como “por encima” o “superior” no las refiere aquí a
cuestiones cualitativas, sino que pretende hacer una distinción entre lo creado
por el hombre y lo natural, es decir, los considera planos distintos. En
cualquier caso, resulta difícil creer que el “espíritu”, a través del hombre, pueda
crear arte por sí sólo. En el proceso de creación influyen muchos factores a
los que el alemán no hace mención, tal es el caso de los conocimientos, las
experiencias, los sentimientos, las sensaciones, los estados anímicos, las
influencias artísticas y extra-artísticas, los recuerdos, las idealizaciones,
el carácter personal, las asimilaciones, o el subconsciente.
En
cuanto a las cuestiones puramente estéticas, podemos resaltar dos puntos principales.
Por una parte, el filósofo niega lo bello y artístico de la naturaleza,
argumentando que sólo el arte proviene del espíritu. De la misma manera,
concibe la “belleza” de la naturaleza como un reflejo limitado y caótico del
espíritu humano, resaltando que cualquier fenómeno natural carece de sentido por
sí mismo. Esto, a parte de poder dar lugar varias interpretaciones es
discutible y criticable. En cualquier caso, lo que no se puede negar es la
influencia de la naturaleza, de manera directa o indirecta, en la creación
humana.
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FOTO: Ernest Descals
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