Kant plantea que el juicio del
gusto es estético y, por la tanto, subjetivo. No obstante,
al afirmar que la belleza sólo se
puede percibir a través de la imaginación y no del entendimiento deja un
interrogante abierto sobre si éste último no podría potenciar, de alguna
manera, la intensidad en la percepción
de “lo bello”. Imagínese el lector una partida de ajedrez en la que nuestro
contrincante realiza una jugada maestra. Sin duda el jugador versado en la
ciencia de este juego milenario podría verse envuelto aquí en la emoción de
algo hermoso, sublime. La pregunta es, ¿percibiría una persona ajena al juego y
sus leyes la misma sensación ante tal circunstancia? Probablemente, no. Es
entonces cuando se pone de relieve la cualidad de la razón en el proceso de
apreciación y asimilación de experiencias artísticas. No obstante, con esto no
se quiere dar una supremacía absoluta al ámbito de la lógica o el
entendimiento, sino poner de manifiesto cómo la dicotomía razón/emoción puede
ser aplicada de manera equilibrada a los mecanismos de percepción del arte en cualquiera de sus formas de expresión. Si
partimos de la base de que una de las facetas más definitorias de cualquier
manifestación artística es su innegable vínculo al plano de la subjetividad
podrá intuirse fácilmente cómo hablar de éste en términos de “verdad absoluta” supone un
choque contra la esencia del arte mismo. Por otra parte, la premisa
kantiana que afirma que “la satisfacción que determina el juicio del gusto es
desinteresada” podría ser igualmente revisada. Resultaría paradójico señalar
quizás que el interés inherente a la sensación satisfactoria de un juicio del
gusto reside en la satisfacción misma.
Muy buenas las selecciones y muy buenos tus comentarios. Gracias!
ResponderEliminar