domingo, 16 de septiembre de 2012

Crítica del juicio (1790) – Immanuel Kant

Kant plantea que el juicio del gusto es estético y, por la tanto, subjetivo. No obstante,
al afirmar que la belleza sólo se puede percibir a través de la imaginación y no del entendimiento deja un interrogante abierto sobre si éste último no podría potenciar, de alguna manera,  la intensidad en la percepción de “lo bello”. Imagínese el lector una partida de ajedrez en la que nuestro contrincante realiza una jugada maestra. Sin duda el jugador versado en la ciencia de este juego milenario podría verse envuelto aquí en la emoción de algo hermoso, sublime. La pregunta es, ¿percibiría una persona ajena al juego y sus leyes la misma sensación ante tal circunstancia? Probablemente, no. Es entonces cuando se pone de relieve la cualidad de la razón en el proceso de apreciación y asimilación de experiencias artísticas. No obstante, con esto no se quiere dar una supremacía absoluta al ámbito de la lógica o el entendimiento, sino poner de manifiesto cómo la dicotomía razón/emoción puede ser aplicada de manera equilibrada a los mecanismos de percepción del arte  en cualquiera de sus formas de expresión. Si partimos de la base de que una de las facetas más definitorias de cualquier manifestación artística es su innegable vínculo al plano de la subjetividad podrá intuirse fácilmente cómo hablar de éste en términos de “verdad absoluta”  supone un  choque contra la esencia del arte mismo. Por otra parte, la premisa kantiana que afirma que “la satisfacción que determina el juicio del gusto es desinteresada” podría ser igualmente revisada. Resultaría paradójico señalar quizás que el interés inherente a la sensación satisfactoria de un juicio del gusto reside en la satisfacción misma.

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